Dos romances: "El enamorado y la muerte" y "El veneno de Moriana"

09.11.2019

Romance del Enamorado y la Muerte


Un sueño soñaba anoche,
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora muy blanca,
muy más que la nieve fría:
- ¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas,
ventanas y celosías.
- No soy el amor, amante,
soy la Muerte, Dios me envía.
- Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día.
- Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy de prisa se calzaba,
más de prisa se vestía;
ya se va para la calle
en donde su amor vivía.
- Ábreme la puerta, Blanca,
ábreme la puerta, niña.
- ¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue a Palacio,
mi madre no está dormida.
- Si no me abres esta noche
ya no me abrirás, querida.
La Muerte me anda buscando,
junto a ti vida sería.
- Vete bajo mi ventana
donde labraba y cosía.
Te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el hilo no alcanzare
mis trenzas añadiría.
Se rompió el cordón de seda,
la Muerte que allí venía:
- Vamos el enamorado
que la hora ya es cumplida.

Romance del veneno de Moriana


Madrugaba don Alonso

a poco del sol salido;

convidando va a su boda

a los parientes y amigos;

a las puertas de Moriana

sofrenaba su rocino:

-Buenos días, Moriana.

-Don Alonso, bien venido.

-Vengo a brindarte Moriana,

para mi boda el domingo.

-Esas bodas, don Alonso,

debieran de ser conmigo;

pero ya que no lo sean,

igual el convite estimo,

y en prueba de la amistad

beberás del fresco vino,

el que solías beber

dentro en mi cuarto florido.

Moriana, muy ligera

en su cuarto se ha metido;

tres onzas de solimán

con el acero ha molido,

de la víbora los ojos,

sangre de un alacrán vivo:-

Bebe, bebe, don Alonso,

bebe de este fresco vino.

-Bebe primero, Moriana,

que así está puesto en estilo.

Levantó el vaso Moriana,

lo puso en sus labios finos;

los dientes tiene menudos,

gota dentro no ha vertido.

Don Alonso, como es mozo,

maldita gota ha perdido.

-¿Qué me diste, Moriana,

qué me diste en este vino?

¡Las riendas tengo en la mano

y no veo a mi rocino!

-Vuelve a casa, don Alonso,

que el día ya va corrido

y se celará tu esposa

si quedas acá conmigo.

-¿Qué me diste, Moriana,

que pierdo todo el sentido?

¡Sáname de este veneno,

yo me he de casar contigo!

-No puede ser, don Alonso,

que el corazón te ha partido.

-¡Desdichada de mi madre

que ya no me verá vivo!

-Más desdichada la mía

desque te hube conocido.