"La respuesta" de Fredric Brown

Dwar Ev soldó ceremoniosamente la última conexión con oro. Los ojos de una docena de cámaras de televisión lo contemplaban y el sub-éter transmitía a través del universo una docena de imágenes de lo que estaba haciendo.
Se enderezó y asintió a Dwar Reyn, después se situó cerca de un interruptor que completaría el contacto cuando lo accionara. El interruptor que conectaría, inmediatamente, todo aquel monstruo de máquinas computadoras con todos los planetas habitados del universo -noventa y seis mil millones de planetas- en el supercircuito que los conectaría a todos con una supercalculadora, una máquina cibernética que combinaría todos los conocimientos de todas las galaxias.
Dwar Reyn habló brevemente a los miles de millones de espectadores y oyentes. Después, tras un momento de silencio, dijo:
-Ahora, Dwar Ev.
Dwar Ev accionó el interruptor. Se produjo un impresionante zumbido, la onda de energía procedente de noventa y seis mil millones de planetas. Las luces se encendieron y apagaron a lo largo de los muchos kilómetros de longitud de los paneles.

Dwar Ev retrocedió un paso y lanzó un profundo suspiro.
- El honor de formular la primera pregunta te corresponde a ti, Dwar Reyn.
- Gracias - respondió Dwar Reyn-. Será una pregunta que ninguna máquina cibernética ha podido contestar por sí sola.
Se volvió para enfrentar a la máquina.
-¿Hay un Dios?

La poderosa voz contestó sin vacilar, sin el chasquido de un solo relé.
-Sí, ahora hay un Dios.
Un súbito miedo desencajó el rostro de Dwar Ev. Dio un salto para agarrar el interruptor.

Un rayo procedente del cielo sin nubes lo mató en el instante y fundió el interruptor.

Publicado en la recopilación de cuentos de ciencia ficción "Sonrisas de metal" ("The Metal Smile"), 1977, Barcelona, Luis de Caralt Editor.

Dwan Ev ceremoniously soldered the final connection with gold. The eyes of a dozen television cameras watched him and the subether bore throughout the universe a dozen pictures of what he was doing.
He straightened and nodded to Dwar Reyn, then moved to a position beside the switch that would complete the contact when he threw it. The switch that would connect, all at once, all of the monster computing machines of all the populated planets in the universe -- ninety-six billion planets -- into the supercircuit that would connect them all into one supercalculator, one cybernetics machine that would combine all the knowledge of all the galaxies.
Dwar Reyn spoke briefly to the watching and listening trillions. Then after a moment's silence he said, "Now, Dwar Ev."
Dwar Ev threw the switch. There was a mighty hum, the surge of power from ninety-six billion planets. Lights flashed and quieted along the miles-long panel.
Dwar Ev stepped back and drew a deep breath. "The honor of asking the first question is yours, Dwar Reyn."
"Thank you," said Dwar Reyn. "It shall be a question which no single cybernetics machine has been able to answer."
He turned to face the machine. "Is there a God?"
The mighty voice answered without hesitation, without the clicking of a single relay.
"Yes, now there is a God."
Sudden fear flashed on the face of Dwar Ev. He leaped to grab the switch.
A bolt of lightning from the cloudless sky struck him down and fused the switch shut.

Publicado originalmente en 1954, en "Angels and Spaceships".